Hace un tiempo tuve la posibilidad de visitar un seminario y, como parte del recorrido, estaba el sótano. Fue como viajar al pasado. Una biblioteca llena de libros antiguos, desgastados por el uso y el paso del tiempo. Me los imaginé a los seminaristas recorriendo las estanterías, iluminados por lámparas a vela (no sé si realmente ha sido así, pero así funciona mi imaginación), consultando las palabras de filósofos y pensadores religiosos.






















