Cuando en la oficina de turismo nos contaron de este paseo, no teníamos idea de lo que nos íbamos a encontrar. Lo fuimos postergando por visitar otros lugares y cuando nos quisimos dar cuenta, las vacaciones terminaban y no habíamos ido a ver ese lugar misterioso.
Es un recorrido corto, se hace caminando, está a orillas de un arroyo llamado Juan Pérez y a la sombra de los árboles: no se puede pedir más en una tarde de verano.